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El G-20 y la guerra de divisas: ¿por todos mis compañeros o por mí primero?

10 noviembre, 2010

En una época donde algunas de las grandes economías mundiales están pasando graves problemas, el propósito del G-20 de noviembre de 2008 de aunar las políticas económicas mundiales para una salida común de la crisis, parece estar en peligro. Debates y divagaciones sobre la denominada guerra de divisas, en la que varios países mantienen o están devaluando sus monedas con el fin de conseguir una ventaja competitiva de sus exportaciones en el mercado, traen temores sobre el fin de la esta cooperación.

Debido a ello, el Grupo de los países industrializados y emergentes, conocido por G-20 y creado en 1999 con el fin de mantener la estabilidad financiera internacional mediante el análisis y planteamiento de debates sobre sus economías, ha decidido abordar la situación en su próxima cumbre en Seúl que comenzará mañana. Así, Basilea III, tema central para la Reunión del G-20, parece relegarse a un segundo plano ante la actual guerra de divisas y comercial.

Hemos sido testigos de políticas de divisas de países como Estados Unidos y China, claves para la recuperación mundial y que parecen dirigir el debate. Así, por un lado China mantiene su Yuan devaluado entre un 30% y un 50%, según los analistas, con objeto de no perder capacidad exportadora. Mientras la inyección de 600.000 millones de dólares de la Reserva Federal a la economía estadounidense para sostener la reactivación del país, mediante la depreciación del dólar para aumentar su competitividad, ha sido detonante de múltiples críticas por parte de los componentes del G-20. Por si fuera poco, a esta guerra del “por mí primero” frente al “por todos mis compañeros” se han unido Brasil, Japón, Taiwán, Malasia, Corea del Sur, Suiza, Filipinas y Reino Unido.

¿Y España?

Se encuentra como espectador ante esta vorágine y se presenta como país invitado en la Reunión del G-20 que comienza mañana, junto con Etiopía, Malawi, Vietnam y Singapur. Sin embargo, importantes economistas como Nouriel Roubini, apuntan a que esta guerra pone en peligro la recuperación de la economía española. En definitiva, para los llamados países periféricos del Euro o despectivamente como PIIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España, incluyendo últimamente a Italia), puede desaparecer cualquier posibilidad de recuperación económica.

Más concretamente, para nuestro país, hay que remarcar que las exportaciones fuera de la Zona Euro, suponen el 44% las cuales se van a ver seriamente afectadas ante esta feroz guerra de precios, porque no nos olvidemos, el precio sí que importa. Por tanto, si España, que posee un elevado déficit externo, realizase una devaluación competitiva como ya hizo en 1993 junto a determinadas reformas económicas, podría no sólo favorecer a las exportaciones sino restaurar el crecimiento. Sin embargo, esa opción ya no es factible dentro de la eurozona, donde economías como la alemana, con un amplio superávit comercial y que no parece afectarle dicha guerra, conviven con países con amplios déficit.

Por otra parte esta guerra de divisas está afectando al riesgo país de los periféricos, y en consecuencia de España, incrementando su prima respecto al BUND alemán que en los últimos días ha vuelto a subir por encima de los 180 puntos básicos que, aunque lejos de los 221 que marcó en junio en plena crisis griega, implica un alto sobrecoste de la deuda soberana española.

El problema para las empresas es que el coste de su financiación es correlativo al de su país y el acceso al mercado de capitales, tanto mediante créditos bancarios como por la emisión de deuda corporativa, se ha vuelto muy complicado y  ha disminuido la capacidad de financiación de las compañías. Así las empresas españolas tienen un coste de capital muy superior al de nuestras competidoras de los países centrales de la UE, lo que unido a nuestra pérdida de competitividad por el incremento del euro, hace compleja y difícil la recuperación de la actividad empresarial.

Sea como sea, tendremos que esperar a las conclusiones obtenidas durante la reunión del G-20 del jueves y viernes, para saber si vamos a ser testigos de un juego a escala mundial donde los países en conjunto van a luchar por un objetivo común o si se va a entrar en una batalla por el bien individual y el sálvese primero.

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