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Cara a Cara

Marco Postigo (INFORMA): «En el agua, como en el trabajo, el resultado depende de que cada persona cumpla su papel y de que confíes en que el resto lo hará también»

14 agosto, 2026

Marco Postigo, subdirector Comercial de Compliance y de Productos de Valor Añadido de INFORMA, ha participado junto a varios miembros de su familia en el Jersey France Challenge, una exigente travesía a nado con un marcado componente solidario. El grupo se convirtió en el primer equipo español en completar el reto y logró, además, la mayor recaudación destinada a Dementia Jersey. En esta entrevista, Postigo repasa la experiencia y los aprendizajes que deja un desafío de estas características, lecciones que también pueden trasladarse al ámbito profesional.

¿Cómo surgió la idea de embarcarte en este reto junto a tu familia?

La idea nació de mi hermano mayor, Jorge. Fue a visitar a su hija Blanca, que trabaja como médico en el hospital de Jersey, y allí conoció el Jersey France Challenge. A la vuelta nos lo propuso a mi hermano Iván y a mí, y no lo dudamos: ya habíamos compartido un reto similar en 2018, cuando cruzamos a nado el estrecho de Gibraltar junto a un amigo de infancia. Esta vez quisimos ir un paso más allá e incluir a la siguiente generación, mi sobrino Kai nadando con nosotros y a Blanca como médico desde el barco de apoyo. Además, por pura casualidad, la fecha del reto, el 8 de agosto, ha sido el mismo día en que cruzamos el estrecho de Gibraltar, hace ocho años. El 8 del 8, 8 años después, eso ya era un buen augurio.

Os habéis convertido en el primer equipo español en lograr este cruce. ¿Cómo describirías la experiencia?

Nadamos 26,8 kilómetros, casi cinco más de los 22 km previstos, por efecto de las corrientes, en 7 horas y 24 minutos, y nos llevamos dos de los tres premios: 1ºs en nuestra categoría de nadadores con neopreno y 1ºs en recaudación solidaria para la demencia, además de terminar 2ºs en la clasificación general. Ser el primer equipo español en completar el reto es un orgullo, y sobre todo haber logrado la mayor recaudación, duplicando al segundo equipo ha sido brutal. Y para rematar, el resultado deportivo. Un éxito total.

La experiencia ha sido increíble: exigente física y mentalmente, en familia y, sobre todo, impresionante por la respuesta y apoyo recibidos de todo el mundo.

Durante los 22 kilómetros de travesía, ¿hubo algún momento en el que pensaste que sería especialmente difícil continuar? ¿Cómo lo superasteis?

La travesía tuvo un principio muy duro, especialmente las tres primeras horas, estaba el mar muy picado y las condiciones eran mucho más complicadas de lo que se preveía por los partes meteorológicos. Si se llegan a mantener así, aun estando entrenados, hubiéramos sufrido mucho, nosotros y el resto de los equipos. Se hubiera logrado, pero con dificultades.

Durante todo el trayecto nos acompañaron medusas bastante grandes, blancas, la primera vez que te encuentras con una de frente te llevas un susto de muerte, pero cuando ves que son inofensivas ¡hasta te gusta tenerlas cerca!

El momento más intenso llegó justo al final, a unos 300 metros de meta, después de más de 7 horas nadando, cuando ya creíamos que todo estaba decidido y estábamos tranquilos sin oponentes cerca, apareció de la nada un equipo francés que competía en nuestra misma categoría, empujado por una corriente del sur y que no aparecía en la aplicación de tracking porque lo llevaba desactivado desde la milla 11 (eran 22 millas en total). Nos tocó esprintar y entramos en meta con menos de dos minutos de margen. Fue muy distinto al cruce del estrecho del 2018, donde nadábamos “a nuestro ritmo” para llegar al otro lado; aquí, nuestro objetivo también era llegar, pero al ver que íbamos muy bien y al ser competición, fuimos a ritmo fuerte todo el rato y al final, acabas agotado.

¿Qué papel ha desempeñado cada miembro de la familia para que este reto haya sido posible?

Funcionamos como un equipo, y creo que ahí está buena parte del resultado. Jorge, ejerció de capitán: trajo la idea, coordinó la relación con la organización, buscó al patrón y el barco de apoyo, y la estancia al llegar a Francia. Iván aportó la calma, la experiencia en aguas abiertas y el coaching a Kai durante su primer cruce largo en aguas abiertas. Yo, la relación con algunos medios locales y nacionales, que impulsaron la recaudación, y la estrategia del cruce, revisando las previsiones meteorológicas de corrientes y vientos en los días previos. Sin olvidar que el patrón era el que mejor conocía la zona y sería el que nos llevara por el rumbo más indicado en cada momento. Kai, mi sobrino, al ser el más rápido, le asignamos el primer relevo, para empezar en buena posición, y también fue quien entró al agua en el esprint final. Fue nuestra “bala de plata”. Y Blanca, la médico, vigiló el estado de cada nadador durante la travesía.

Nadie asumía las funciones de otro y todos sabíamos qué esperar del resto: eso es lo que permite tomar decisiones rápidas cuando las condiciones cambian.

Más allá del reto deportivo, el objetivo era apoyar la investigación y la lucha contra la demencia. ¿Qué respuesta habéis recibido y qué significa para vosotros la recaudación conseguida?

La respuesta ha sido espectacular, muy por encima de lo que esperábamos. Partimos con un objetivo de 8.000 libras, que pensamos que no íbamos a alcanzar, y finalmente hemos cerrado la recaudación en casi 15.000€ (12.136 libras), lo que nos ha valido el premio a la recaudación solidaria más alta de los 16 equipos participantes, prácticamente el doble que el segundo clasificado. El evento en su conjunto ha logrado un récord histórico: 55.590 libras para Dementia Jersey, el año más exitoso de sus cinco ediciones.

Hemos contado con el apoyo de familiares, amigos y también de empresas como Informa D&B, que nos ha acompañado con material y publicaciones en redes sociales. Cada mensaje de apoyo y donación ha sido una forma de sentir que no nadábamos solos, y saber que ese dinero va directamente apoyar a las personas afectadas por la demencia y a sus familias, le da un sentido al reto que va mucho más allá de lo deportivo.

Después de vivir una experiencia tan intensa, ¿qué aprendizajes personales te llevas?

Que lo que se ve el día de la prueba es solo “la punta del iceberg”, como decía uno de los anteriores directores comerciales de Informa. La travesía dura al menos siete horas y media, pero detrás hay meses de entrenamiento y kilómetros de nado, sacando horas después de trabajar, que nadie ve y que son, de largo, la parte más dura. El día de la prueba se va a disfrutar, y es la base acumulada la que te permite llegar con fuerzas para darlo todo cuando hace falta. Los resultados siempre llegan tras un trabajo previo que no se ve, no son cuestión de suerte.

Y me llevo también algo que solo se aprende compartiendo un reto así en familia: cruzar la meta los cuatro juntos, tirándonos al agua en los últimos metros para llegar a la vez, fue el broche perfecto a una jornada que recordaremos de por vida.

En tu día a día eres subdirector Comercial de Compliance y Productos de Valor Añadido en INFORMA. ¿Hay alguna lección de este desafío que creas que también puede aplicarse al ámbito profesional?

Sí, sobre todo dos:

La primera es la flexibilidad ante las circunstancias. Tuvimos que cambiar la estrategia del tiempo de los relevos el día antes de la prueba y volver a modificarla sobre la marcha, ya en el agua, para adaptarnos condiciones. En el trabajo pasa exactamente igual: los planes son importantes, pero lo que marca la diferencia es la capacidad de ajustarlos cuando la realidad no es la prevista.

La segunda, y por deformación profesional, es que la información es crítica. El hecho de poder seguir la posición del resto de los equipos era básico. Que uno de los equipos estuviera “oculto” generó un estrés final que nos habríamos ahorrado de haber conocido su posición. En los negocios ocurre lo mismo: tomar decisiones sin información completa te obliga a reaccionar de forma precipitada, y el coste de esa falta de información puede perjudicarte mucho, sobre todo si no has hecho los deberes antes y no estás debidamente preparado.

A esto añadiría el valor del equipo: en el agua, como en el trabajo, el resultado depende de que cada persona cumpla su papel y de que confíes en que el resto lo hará también.

¿Qué mensaje te gustaría trasladar a quienes han seguido vuestra aventura o han colaborado con la causa solidaria?

Ante todo, muchas gracias.

Sabemos, sobre todo a raíz de este reto, que a muchos de los colaboradores la causa les toca de cerca. La demencia cambia la vida de quien la sufre y la de todas las personas de su entorno, y la investigación, el apoyo a las familias y el cuidado dependen en gran parte de iniciativas como esta y de la solidaridad de la gente. Cada mensaje y cada aportación por pequeña que sea, suma, y han sido un motor para nosotros, dándonos ese extra de energía durante la travesía. Ha sido increíble comprobar hasta qué punto amigos, familia, compañeros, e incluso gente no tan cercana, se han volcado.

Es importante también tener en cuenta que cuando una compañía respalda una iniciativa de sus empleados, aunque sea con un gesto sencillo, multiplica su alcance y le da visibilidad a una causa que de otro modo llegaría a mucha menos gente.

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