Esta memoria no cabe en la IA
Que la IA viene pisando fuerte es un hecho, no una alucinación. Y auguro un futuro tan ilusionante como incierto. Confieso que todo este contexto me tiene atrapada. Tanto, que a veces pienso si necesitaré un periodo para desengancharme.
Ya (nos) llegará. Al tiempo. Una que avisa no es traidora.
Estaba yo el otro día, liada con cenas y almuerzos mientras pensaba en los límites de la IA. En sus brechas. En una memoria que pierde el hilo cuando menos te lo esperas. Y te deja tirada. Vendida. A la deriva. Porque hay un punto en el que la IA deja de ser algo que usas y se convierte en algo que te habita. Es lo que tiene estar enganchada: no hay tregua. El cuerpo en la cocina y la cabeza en otro sitio.
Y así, con un pelador en la diestra, una patata en la siniestra y la cabeza llena de agentes, el milagro, de pronto, se obró.
—Mamá, ¿hoy pegamos juntos los cromos del álbum?
—Claro, cariño. Como ayer.
—Es que me hace ilusión pegarlos contigo.
Ilusión. Mi hijo. Y yo dentro de la misma ecuación. Un milagro, no una alucinación.
Ángel, los cromos y el Mundial me pusieron en mi sitio.
No es que el fútbol sea exactamente la religión que yo practique, pero me asombra su capacidad de unir. Plagado de dioses, conecta a humanos con divinos. A fieles devotos con ajenos al Olimpo. A estrellas y estrellados. A mí, con mi hijo. Y a mi hijo conmigo, que no es lo mismo, pero es igual de importante.
Un preadolescente en ciernes, en plena eclosión hormonal y hablándome en términos que desconozco.
—Este cromo está “to´clean” -me espeta-.
La memoria que no cabe en un prompt
Y es que, en esta era de algoritmos, prompts, feeds personalizados y mutaciones lingüísticas, el fútbol sigue siendo capaz de unir presente y pasado. Lo digital con lo analógico.
Como el álbum de cromos. Un proyecto que puede tocarse. Un ejercicio de constancia, disciplina, organización y paciencia que, además, me invita a compartir ratos e ilusión con mi hijo.
Pegando cromos me olvido de la IA. Vuelvo a mi álbum de La Sirenita, que sigo guardando. Al de México 70 que mi padre trataba como un tesoro y que yo aún conservo. Porque esos álbumes tienen más recuerdos, más historia y más memoria que cualquiera de las IAs que manejo.
Y no porque almacenen más datos.
Sino porque almacenan algo mucho más difícil de conservar: lo que fuimos.
Con este proyecto analógico aprenderé nombres imposibles de jugadores. Banderas de países que no sabría situar en un mapa. Y se me olvidarán, como se olvida la IA cuando el contexto es grande. Pero el álbum quedará. Y lo hará con el recuerdo de momentos con mi hijo. Con la ilusión de Ángel por compartirlos conmigo.
Los cromos pegados, los que faltan, los repetidos, los imposibles. El listado de pendientes. El álbum que huele a presente y me lleva al pasado. A mí con 12 años. A mi padre. A su voz. Eso no alucina. Eso permanece.
Así que, a las puertas del verano, de las vacaciones y de un Mundial, mi deseo es sencillo: que tengáis muchos momentos analógicos y que los disfrutéis. Que el fútbol, o cualquier excusa sea buena para unir, tocarnos, reírnos o compartir algo que no necesita contexto previo para tener sentido.
Que os ilusionéis y compartáis esa ilusión.
Sobre lo que haga España prefiero no augurar para no tentar a la agorera que llevo dentro.
Yo seguiré pegando cromos con Ángel y se me olvidará en qué grupo jugó España. Pero dará igual, porque tendré un álbum para recordármelo.
Feliz mundial, feliz verano e ilusiones para todos 😊
Ana Paredes, Marketing Product Manager de Informa D&B







No hay comentarios