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La sospecha es psicológicamente más efectiva que la evidencia

13 octubre, 2010

Hace tiempo leí en la Revista cultural Ñ, del Diario Clarín de Buenos Aires esta interesante reflexión: “La sospecha es psicológicamente más efectiva que la evidencia” ¿Es cierta? Mi opinión es que sí.

Bastaría acordarse de la película “Suspicion” de Cary Grant y Jane Fontaine dirigida por Hitchcock para no poder estar más de acuerdo, o de la dramática “The Children´s Hour” (traducida como La Calumnia) de William Wyler y comprobar como una niña recibe un castigo y vengativa, acusa a Karen -Audrey Hepburn- y Marthe -Shirley McLaine- de una conducta socialmente reprobable. Las profesoras no pueden con evidencias demostrar nada y ven como los rumores y las sospechas se extienden rápidamente con consecuencias devastadoras.

Esto siempre ha sido y será así en las relaciones sociales, pero como lo que nos ocupa es lo electrónico, o mejor dicho, las relaciones electrónicas, demos un paso más allá y pongamos en contexto telemático la reflexión de la Revista: “La sospecha electrónica es psicológicamente más efectiva que la evidencia electrónica”. ¿Es cierta también ahora esta frase? Pues de nuevo mi opinión es: sí.

Si nos centramos en las relaciones mercantiles, en cómo las empresas están llegando a sus clientes, cómo se relacionan con otras empresas o incluso cómo la administración pública se relaciona con el ciudadano; hay una estrategia común en todos ellas: la relación debe utilizar tecnologías de la información.

¿Qué ocurre cuando se pasa de una relación entre presentes a otra entre ausentes? Lo primero, tener mucho cuidado de cómo se hacen las cosas porque las relaciones telemáticas son muy interesantes desde el punto de vista de ahorro de costes y eficiencia operativa, pero muy peligrosas desde el punto de vista jurídico. Me explico.

Tres son los cambios más significativos que se producen en el paso de lo tangible a lo intangible:

– La identidad física se convierte en identidad digital;

– El medio de intercambio va de inmediato a mediato;

– El soporte deja de ser documental y pasa a ser electrónico.

Estos cambios provocan una serie de problemas que deben ser solucionados para poder transitar con garantías hacia las relaciones a distancia. La única manera fiable y sólida que hay para solucionar estos problemas es el concurso de una Tercera Parte de Confianza.

Las relaciones entre ausentes tiene irremediablemente como soporte una prueba electrónica, y ésta ya no es inalterable y perdurable, como lo es el soporte documental. La evidencia electrónica es muy volátil –fácil de cambiar- y unilateral –o la tiene una parte o la otra- ambos atributos unidos provocan que dicha prueba sea susceptible de manipulación.

¿Debemos construir modelos de relación con los clientes o ciudadanos teniendo como soporte pruebas susceptibles de ser manipuladas? Obviamente, no.

La figura de la Tercería aporta a la prueba toda la solidez necesaria para que los modelos de negocio estén seguros jurídicamente: rompen la volatilidad de los ficheros electrónicos y su unilateralidad, evitan el repudio en destino y velan por la no ruptura de la cadena de custodia.

Si no queremos que la efectividad de una evidencia electrónica sea menor que una sospecha electrónica y dar así argumentos para futuros guiones a los sucesores de Alfred Hitchcock y William Wyler, debemos utilizar el concurso de un Tercero de Confianza para que las pruebas que soportan los contratos que se perfeccionen por Internet; las notificaciones electrónicas o las publicaciones realizadas telemáticamente no tengan problema de prueba y sean admitidas como tales en cualquier proceso litigioso.

Autor: José Manuel Oliva, Director General de Logalty

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