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A fondo

¿Por qué el ‘rating solicitado’ es más fiable que el ‘no solicitado’?

03 diciembre, 2013

La diferencia entre los ratings solicitados, y los que no lo son, es que los primeros son más precisos y fiables, por lo tanto un instrumento más eficiente para guiar la percepción de riesgo de los agentes en el mercado. Así, es esencial conocer quién tiene el control del proceso de calificación. Veamos algunos puntos básicos para tratar de entender esta tesis:

Un rating no solicitado es por naturaleza una clasificación pública, que se ha divulgado sin tener necesariamente el  consentimiento y cooperación de la entidad a la que se le ha asignado –la entidad evaluada-.

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Los ratings no solicitados surgen a raíz de la petición de un tercero, ya sea un inversor o intermediario que busca una  calificación o una inversión en estructuras que requieren activos de garantía (por ejemplo, bonos de fondos corporativos  cerrados) para ser clasificados.

Los ratings no solicitados se elaboran generalmente mediante información pública, y no han entrañado necesariamente  ninguna participación de la entidad calificada. Los ratings no solicitados no han sido pagados por la entidad calificada, pero  pueden haber sido pagados por los intermediarios que los requerían. En algunos casos nos referimos a los ratings no  solicitados como “PI ratings” (rating de información pública).

Por el contrario, los ratings solicitados son las que han sido expresamente pedidos por la entidad a calificar; esta gestión i  implica un proceso de calificación formal, con plena participación de la entidad evaluada, que puede elegir si aportar i  información que no es pública.

Este proceso de calificación lo paga la entidad que está siendo evaluada y por este pago, el cliente compra el derecho -a la  agencia- de que los resultados no sean publicados si no cumplen con sus expectativas. Es decir, el cliente “compra el silencio  de la agencia” en cuanto al resultado del proceso de clasificación.

El cliente evaluado puede decidir que su calificación no se publique –en el caso de los ratings solicitados-, de forma que la  agencia debe respetar la decisión. Sin embargo, si el cliente comienza alguna operación, que pudiera provocar preguntas o  consultas por parte de los clientes inversores de la agencia acerca de la ausencia de calificación de la operación realizada, la  agencia podría sentirse obligada a publicar su opinión en contra de los deseos del cliente calificado.

Es conveniente tener en cuenta que un proceso de rating solicitado, generalmente incorpora el derecho del cliente a recurrir contra la primera conclusión de la agencia calificadora. Con las grandes agencias la posibilidad de mejora de la calificación final, como resultado de la apelación, suele ser mínima, algo así como una de cada diez. Sin embargo, con las agencias de creación más reciente, la probabilidad podría ser mayor.

La percepción general del mercado es que los ratings solicitados son de mayor calidad, ya que el cliente –compañía evaluada- está involucrado en el proceso y puede aportar información relevante y no pública al proceso (que puede ser desde información estratégica, planes de negocio, información confidencial relativa a la competitividad, etc), lo que contribuye a ajustar la conclusión de la agencia de calificación.

 

Michael Buneman – Senior Advisor de CRIF Rating Agency 

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