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Por qué la preparación para la IA empieza por la preparación de los datos, no por los modelos

09 julio, 2026

Muchas organizaciones abordan la preparación para la IA centrándose en modelos, copilotos o flujos de trabajo basados en agentes. Sin embargo, en la práctica, las iniciativas de IA se suelen estancar por una razón mucho más sencilla: los datos en los que se basan no son fiables a gran escala.

La IA no corrige los datos fragmentados o incoherentes, más bien, puede agravar el problema. Cuando las definiciones difieren, las identidades no están correctamente asignadas o la gobernanza falla, la IA puede acelerar la confusión en lugar de aportar conocimiento. La confianza puede erosionarse rápidamente y los equipos pueden recurrir a la verificación manual en lugar de pasar a la acción.

Por eso, la preparación de los datos para ser usados por la IA se ha convertido en un pilar fundamental para su adopción en las empresas. Esto requiere una base de datos fiable en la que las entidades principales estén definidas de forma coherente, donde las relaciones sean claras y la organización tenga la suficiente confianza como para permitir que los agentes o los sistemas actúen con rapidez.

En definitiva, en muchos casos, la preparación para la IA no es una cuestión de sofisticación de los modelos, sino una cuestión de si los datos están preparados para generar confianza.

Por qué la calidad de los datos por sí sola no basta para estar preparados para la IA

La calidad de los datos es necesaria para prepararse para la IA, pero no es suficiente. Los registros precisos y completos mejoran la fiabilidad a nivel de campo, pero la IA no se limita a consumir datos de forma aislada.

Opera a través de entidades, jerarquías y relaciones, donde pueden aparecer discrepancias rápidamente. Cuando los equipos no logran ponerse de acuerdo sobre qué se entiende por cliente, cuenta o empresa matriz, incluso los datos de alta calidad pueden generar respuestas incoherentes.

En entornos así, la IA no falla porque los datos sean erróneos, sino porque la organización no ha acordado una versión compartida de la verdad. Esa versión exige la resolución de entidades, definiciones coherentes y una gobernanza en la que las personas confíen lo suficiente como para permitir que los agentes y los sistemas actúen de forma autónoma.

Sin esa base, la IA puede acertar algunas partes de la respuesta, pero puede resultar más complicado confiar en ella, e incluso más difícil utilizarla de forma efectiva en toda la empresa.

¿Cuál es el punto ciego crucial en la IA empresarial?

Empresas de todos los sectores están haciendo pruebas con la IA para mejorar la productividad, la obtención de conocimiento y la automatización. Sin embargo, muchas de esas iniciativas se estancan, no porque la tecnología no rinda lo suficiente, sino porque los usuarios no confían en los resultados.

Tal y como señaló Aaron Rozek, director senior de Product Management de Dun & Bradstreet, durante una sesión en la Cumbre Gartner Data & Analytics, se trata de un problema fundamental: «Por muy sólida que sea una solución de IA o basada en agentes, si los datos que la alimentan no están controlados, los resultados no cumplirán las expectativas», afirmó. «Es el clásico problema de “basura entra, basura sale”)».

Esta erosión de la confianza se produce de forma rápida. Cuando los vendedores trabajan con una visión incompleta de las relaciones con los clientes, o cuando los equipos directivos reciben respuestas contradictorias a preguntas empresariales básicas, se desvanece la confianza en la toma de decisiones con IA. La promesa de rapidez y automatización puede dar paso a la verificación manual, y a partir de ahí se suele ralentizar la adopción.

En este punto, suele surgir una pregunta más reveladora: cuando la confianza se rompe, ¿fracasa primero con las personas o con las máquinas?

En la práctica, los seres humanos tienden a esquivar los datos imperfectos. Los contrastan, comprueban su validez y los rectifican. En cambio, los sistemas de IA autónomos y los basados en agentes no hacen eso, sino que ejecutan instrucciones basándose exactamente en los datos que reciben. Esto significa que las carencias en la integridad de los datos, la resolución de entidades y la gobernanza afloran más rápido y conllevan mayores riesgos en las etapas posteriores del proceso.

La conclusión es clara: La preparación para la IA tiene menos que ver con la inteligencia y más con la integridad. Contar con una base de datos fiable no es una cuestión de higiene. Es un requisito previo para tomar decisiones con IA con confianza.

Por qué se necesita una base de datos sólida para escalar la IA

Las organizaciones que tienen éxito con la IA suelen seguir un patrón diferente. En lugar de tratar la IA como una solución puntual, su estrategia se apoya en una base de datos fiable que abarca toda la empresa, estableciendo una comprensión coherente de entidades clave como clientes, clientes potenciales y socios.

Este trabajo no es especialmente llamativo: implica alinear definiciones, resolver duplicidades, estandarizar jerarquías y acordar un sistema de registro compartido. Sin embargo, es precisamente esta disciplina la que contribuye a que la empresa esté preparada para la IA y permite que las iniciativas de análisis y de IA se escalen sin fricciones.

Desde el punto de vista de los profesionales, esta transformación es tan organizativa como tecnológica. Eric Chapman, vicepresidente de Operaciones de Ingresos en Octave, participó junto a Aaron Rozek en una sesión de la Cumbre Gartner Data & Analytics y explicó por qué este cambio puede resultar tan liberador: «Una vez establecida una base común, todo lo demás se vuelve más fácil. Uno deja de debatir qué es una cuenta y empieza a centrarse en cómo actuar en función de lo que ya sabe», explicó. 

Ese cambio (de la interpretación a la ejecución) revela algo importante. Una base de datos fiable no consiste en alcanzar la perfección; sino en alcanzar un nivel de suficiencia. Comprender esa distinción puede llevar a muchos líderes a plantearse una cuestión práctica, pero que a menudo se pasa por alto: ¿cómo se sabe cuándo la base de datos es lo suficientemente sólida como para dar el salto a la IA?

En las organizaciones que cuentan con una base de datos fiable, la respuesta no suele aparecer en un cuadro de mando ni en un modelo de madurez. Es más probable identificarla en comportamientos concretos, como cuando los equipos dejan de cuestionar los datos y de conciliar múltiples versiones de la verdad y empiezan a actuar con confianza y rapidez.

¿Por qué es más importante la resolución de entidades en la IA agentiva?

A medida que las empresas avanzan hacia la IA agentiva (sistemas que actúan de forma autónoma en los flujos de trabajo), el coste de contar con bases de datos débiles se agrava. Estos sistemas no se detienen a cuestionar supuestos, se basan en el contexto, la estructura y las relaciones integradas en los propios datos.

En ese entorno, los datos de entidades y relaciones bien gestionados se convierten en el tejido conectivo. Ayudan a las organizaciones a:

  • Alinear los conocimientos entre funciones sin necesidad de conciliación
  • Generar recomendaciones con conciencia contextual
  • Automatizar acciones sin introducir riesgos ocultos en fases posteriores

Chapman es más directo al abordar el problema. «Si la base no es la adecuada, no se puede confiar en el resultado, ya venga de un analista, un panel de control o una recomendación generada por IA», afirmó.

Esto explica por qué algunas organizaciones que parecen muy avanzadas desde el punto de vista tecnológico siguen teniendo dificultades para implementar la IA a gran escala. Esto también plantea una última pregunta, incómoda pero necesaria: ¿Por qué algunas organizaciones con sólidas capacidades técnicas en materia de datos siguen teniendo dificultades para adoptar la IA?

A menudo, la limitación no radica únicamente en la calidad de los datos. También reside en la fragmentación de la propiedad de los datos, en la desalineación conceptual bajo presión o en la falta de confianza institucional para permitir que los sistemas actúen de forma autónoma. La madurez técnica ayuda a la IA, pero la confianza organizativa determina si esta puede consolidarse.

Empezar poco a poco es una estrategia, no una concesión

Existe una idea equivocada bastante extendida de que crear una base de datos fiable implica un esfuerzo enorme que se prolonga durante varios años antes de que se aprecie su valor. En la práctica, suele ocurrir justo lo contrario.

Las organizaciones que logran avances suelen empezar poco a poco, resolviendo problemas concretos pero fundamentales. Aprovechan los primeros logros para poner en práctica la gobernanza, generar credibilidad y establecer patrones repetibles. Con el tiempo, esos patrones se combinan y permiten análisis más avanzados, flujos de trabajo autónomos e inteligencia artificial a gran escala.

Rozek hizo hincapié en este enfoque incremental. «Las trayectorias hacia la IA que más éxito tienen no empiezan a lo grande, sino que comienzan con un pequeño número de casos de uso, sientan unas bases sólidas, aprenden con rapidez y después escalan», afirmaba.

Esta mentalidad replantea la manera en que se percibe la base de datos, que pasa de ser algo que frena la innovación a algo que la sustenta.

Un marco sencillo para preparar los datos para la IA

La preparación de los datos no requiere una transformación radical. Se puede lograr mediante una serie de pasos específicos que ayudan a aumentar la confianza de forma gradual.

  1. Céntrate en las decisiones reales

Empieza por las decisiones en las que la velocidad y la claridad sean más importantes, como la priorización de clientes, la evaluación de riesgos, el onboarding o la visibilidad de los proveedores. Estos puntos críticos permiten identificar rápidamente si los datos están preparados para respaldar la IA o si, por el contrario, representan una limitación para su adopción.

  1. Aclara definiciones comunes

Antes de proceder a la automatización, poneos de acuerdo en lo básico: qué se considera un cliente, una cuenta o una relación. Acordad unos sistemas de referencia y resolved las duplicidades que sean evidentes. Esta fase reduce la confusión y ayuda a evitar que la IA genere respuestas contradictorias.

  1. Observa las señales de confianza

La preparación de los datos se refleja en el comportamiento. Cuando los equipos dejan de conciliar informes, priorizan menos excepciones y actúan con mayor rapidez ante las recomendaciones, la confianza aumenta. Si las personas siguen teniendo la necesidad de verificar la información básica, es probable que la base aún no esté preparada.

  1. Deja que la automatización avance poco a poco

Las organizaciones que tienen éxito suelen adoptar la automatización de forma progresiva: a medida que se va generando confianza, pasan de los conocimientos a las recomendaciones y, finalmente, a la acción. Cada paso refuerza el siguiente, haciendo que la escalabilidad parezca una evolución natural y no un riesgo.

  1. Amplía lo que funciona

Una vez que se ha establecido una base de confianza para un caso de uso, puede resultar más fácil reutilizar definiciones, hábitos de gobernanza y confianza en otras áreas. El progreso se va acumulando, convirtiendo los primeros logros en una capacidad empresarial.

La prueba definitiva para los directivos: Rapidez, alineación y accionabilidad

En el plano ejecutivo, la solidez de los datos se manifiesta de formas sutiles, pero reveladoras. Las preguntas que antes tardaban semanas en resolverse ahora encuentran respuesta rápidamente. Los debates entre departamentos tienden a dar lugar a supuestos compartidos y decisiones alineadas, y los conocimientos obtenidos gracias a la IA comienzan a dar pie a la acción, en lugar de generar escepticismo o dudas.

Scott Moore, director de operaciones de Octave, resumió este impacto de forma concisa durante su intervención en la sesión de la Cumbre Gartner Data & Analytics. «Una vez que se establece una base de datos sólida, se abre la posibilidad de utilizar el análisis y la automatización en toda la empresa con mayor rapidez y claridad», señaló.

Ese cambio, de la indecisión a la ejecución, es lo que finalmente define la preparación para la IA en entornos empresariales escalables.

Una forma práctica de enfocar la preparación para la IA

La conclusión para los líderes empresariales y tecnológicos parece clara: la preparación para la IA es algo que se gana; no se compra. Por lo general, surge de una inversión continua en bases de datos fiables, resolución de entidades y gobernanza mucho antes de que los modelos avanzados o los agentes autónomos entren en escena.

Las organizaciones que interioricen esta lección pueden implementar la IA de manera más eficaz. También pueden desarrollar la capacidad organizativa necesaria para adaptarse a medida que evoluciona la tecnología, utilizando inteligencia que ayude a mejorar la toma de decisiones en lugar de socavarla.

En la carrera por poner en práctica la IA a gran escala, dominar la base de los datos no es un desvío, sino el camino que probablemente permitirá que la empresa perdure a largo plazo.

Artículo original de Dun & Bradstreet

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