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¿Qué es un Banco Malo?: La experiencia noruega en los 90

30 agosto, 2012

banco malo escandinavo

En circunstancias normales, cuando una empresa es insolvente se declara en quiebra y se procede a su liquidación. Los accionistas pierden su inversión si no quieren o pueden aportar fondos adicionales a la empresa que permitan su salvación. Pero en el mundo financiero la práctica ha sido que los bancos son rescatados por los gobiernos cuando el banco es tan importante que con su quiebra peligraría todo el sistema económico de un país.

Una de las fórmulas usadas por distintos gobiernos en pasadas crisis financieras ha sido la articulación de un llamado “banco malo” donde las entidades con problemas depositan sus activos devaluados de forma que el resto de la entidad pueda sanearse más fácilmente. El ejemplo más cercano lo encontramos en la aguda crisis que sufrió Escandinavia -Suecia y Noruega especialmente- a principios de la década de los noventa del pasado siglo.

La crisis escandinava de principios de los 90 se produjo tras el periodo de liberalización financiera ocurrida en los años 80: Se expandió el volumen de crédito, se relajaron los controles sobre tipos de interés y requerimientos de capital y se introdujeron en el mercado productos financieros sofisticados con alto riesgo. La rápida liberalización financiera produjo una rápida expansión del volumen de préstamos para inversiones especulativas.

En 1986 se produjo una caída brusca del precio del petróleo que llevó a Noruega -un importante exportador de crudo- a perder su superávit en la Balanza de Pagos, entrando en un abultado déficit. La corona noruega se devaluó y en 1988 el país entró en una dura recesión que comenzó con una crisis bancaria y siguió con el derrumbe de su mercado inmobiliario en los años 1990-92.

Suecia sufrió una recesión y la caja de ahorros más importante del país se declaró en quiebra. Al igual que en Noruega la crisis vino acompañada de una caída del mercado inmobiliario y una devaluación de su divisa. La caída del PIB sueco llegó hasta el 5,3%.

El nivel de morosidad bancaria en Noruega llegó a ser del 9% (Sobre el PIB) y en Suecia del 11%. El sector bancario de estos dos países tardó dos años en volver a tener beneficios y hasta diez años en recuperar el nivel de volumen de créditos anterior a la crisis.

El Banco Malo Noruego

En las primeras fases de la crisis, fue el propio sector bancario quien creo dos fondos para garantizar los depósitos del sistema. Estos fondos fueron financiados de forma privada.  Adicionalmente, el sector se vio inmerso en una ola de fusiones entre las entidades.

Posteriormente el gobierno noruego comenzó a inyectar dinero en los bancos quebrados a través de un Fondo creado al efecto en el año 1991. Este fondo era una entidad independiente con e objetivo de dotar de liquidez a los dos fondos privados mencionados en el párrafo anterior. El Fondo gubernamental tenía competencias para imponer condiciones -relativas a la gestión, inversiones, personal, consejo de administración, etc.- tanto a los fondos de garantía privados como a los bancos que recibían la ayuda.

Meses tarde la crisis empeoró y los tres principales bancos noruegos anunciaron grandes pérdidas. Estos tres bancos sumaban la mitad de todos los activos bancarios de Noruega. En este punto, el Gobierno Noruego creo un nuevo vehículo de financiación a la banca. Mientras el fondo gubernamental existente seguía dotando de liquidez a las entidades con problemas, el nuevo Fondo -definitivo banco malo– llamado Government Bank Investment Fund (GBIF) comenzó a comprar en los mercados la deuda y los títulos de los bancos que aún eran relativamente sanos. Tal inyección de fondos de los contribuyentes al sistema financiero se acompañó de nuevas leyes que permitían al Estado hacerse con el control de las entidades rescatadas a coste cero.

En poco tiempo el fondo GBIF, el banco malo noruego, se convirtió en el único propietario de dos de los tres bancos más importantes de Noruega y el accionista principal del tercero y mayor de ellos, el Den Norske Bank. Una vez saneados y durante casi diez años el Estado noruego fue vendiendo sus participaciones a inversores privados.

La economía noruega comenzó a recuperarse dos años después, en 1993 cuando la crisis bancaria terminó. Según datos del Banco Central de Noruega, el coste de la intervención gubernamental y la venta de los activos en manos del gobierno a través del banco malo, fue positiva para los contribuyentes y se obtubieron beneficios con la venta de las acciones.

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