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Pymes y autónomos

¿Realmente es tan difícil crear empresas en España?

29 noviembre, 2013

Los datos del informe “Doing Business”, cuya edición de 2014 fue publicada hace unas semanas por el Banco Mundial, nos dicen que sí, que España ocupa el puesto número 142 de una lista de 189 países en el ranking de facilidad para crear una nueva empresa. Sin duda un puesto muy alejado de lo que cabría esperar para un país como el nuestro, como así se menciona en el estudio.

El informe del Banco Mundial señala que abrir una empresa en España supone realizar una decena de trámites con una duración media de 23 días, un coste que asciende al 4,7% de la renta per cápita y la aportación de un capital que supone el 13% de la renta per cápita. Datos fríos a los que estamos acostumbrados pero que resultan sonrojantes cuando vemos que nos sitúan en el puesto 142 mundial.

Es de esperar que las novedades introducidas por la Ley de Emprendedores para facilitar el alta en autónomos y la creación de negocios permitan mejorar posiciones el año que viene.

¿Dónde está el problema?

No está ni en darse de alta como autónomo ni en constituir una sociedad. Como suelo comentar en mis  talleres y charlas con emprendedores, darse de alta como autónomo es muy sencillo,  en 24 o 48 horas uno puede darse de alta como autónomo en Hacienda y la Seguridad Social y empezar a facturar sin coste alguno. Y para freelance o autónomos sin trabajadores que se den de alta por primera vez, ahora mucho más asequible gracias a la tarifa plana de 50 euros.

Crear una sociedad conlleva por su parte algunos trámites más como la elaboración de los estatutos y escrituras, su ratificación ante notario, la inscripción ante el registro mercantil y ante el organismo competente de trabajo de cara a la inspección. Pero siguen siendo trámites razonables y que se pueden hacer en relativamente poco tiempo. Se podría abaratar su coste y reducir el capital social mínimo de una sociedad limitada por ejemplo hasta los 1.500 o 2.000 euros.

Pero esto no solucionaría el problema, los emprendedores de este país no se ven frenados por estas cuestiones, estos trámites son un engorro pero puede ser asumible. Por mucho que se diga, el problema no está en el hecho de darse de alta como autónomo o en crear una pequeña sociedad, se puede mejorar, pero no es la clave.

El verdadero problema está en los trámites y costes que conlleva el inicio de la actividad, trámites que llegan a tornarse a veces desesperantes, y entre los que cabe destacar los siguientes:

–          Licencia de apertura: obligatoria para aquellas actividades que dispongan de un local, nave o establecimiento. A pesar de que desde mayo de 2012 en los pequeños negocios ya no es necesario esperar a tener la licencia sino que basta con una declaración responsable, el coste sigue siendo el mismo y se mantiene el riesgo de que la inspección del Ayuntamiento, que tardará unos meses, ponga pegas a posteriori. Además en no pocos casos, al decidir lo que se puede hacer o no en un local,  las licencias de apertura resultan restrictivas a la iniciativa emprendedora.

–          Licencias urbanísticas y medioambientales: todo se complica mucho más cuando se decide construir o reformar. Dependiendo del tipo de inmueble será necesario incurrir en considerables tasas en concepto de  tasas e informes técnicos. Sin duda estos casos requieren de paciencia y saber lidiar con la Administración.

–          Posibles permisos y trámites ligados al tipo de actividad: sanitarios, industriales, agroalimentarios, protección de datos, ley de servicios de la sociedad de la información.

–          Cuota de autónomos: la tarifa plana de cincuenta euros tiene un campo de aplicación bastante restringido. No vale ni para administradores de sociedades ni para autónomos que contraten trabajadores. Y cuando uno empieza, tener que pagar 256 euros mensuales puede ser un gran obstáculo. Hace falta un sistema más progresivo, vinculado a la facturación al menos en sus primeros años.

Para mejorar estos aspectos será necesario incidir en aspectos de fondo como la financiación de los Ayuntamientos, el control del exceso normativo de las Comunidades Autónomas o la reforma en profundidad del sistema de cotización de los autónomos a la Seguridad Social. Cuestiones mayores que amenazan con seguir dejándonos malparados en los rankings de facilidad para crear empresas.

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