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A fondo

Cómo aprovechar al máximo la riqueza agrícola en Europa del Este

12 noviembre, 2014

Una de las inversiones actuales más rentables de la Unión Europea podrían ser las extensiones agrícolas de Rumanía en Europa del Este, lo que seguramente no sorprende a aquellos con buena memoria. Antes de la II Guerra Mundial, Rumanía fue el segundo mayor productor de grano europeo -tras Francia- debido a su abundancia de fértiles tierras de cultivo.
Pero cuando el país pasó a formar parte del bloque soviético después de la guerra, la propiedad privada pasó a formar parte de un régimen colectivo, por lo que las tierras agrícolas del país se fragmentaron y la productividad disminuyó bruscamente.
El pésimo desempeño económico del régimen comunista en Rumanía hizo que no se invirtiera en maquinaria o nuevas técnicas agrícolas. Además, la mayoría de los quehaceres agrícolas se realizaron utilizando métodos y maquinaria obsoletas -incluso hoy en día el uso de caballos para labrar la tierra es un método extendido en algunas áreas-.

El fin de la era comunista en 1989 trajo reformas a Rumanía -que se adhirió a la Unión Europea en 2007-, aunque el legado de esos años ha complicado la agricultura. Los derechos de propiedad siguen siendo un tema espinoso, ya que los títulos de propiedad de los dueños actuales podrían ser impugnados en los tribunales por los descendientes de aquellos que ocupaban la tierra antes que fuera confiscada por el Régimen Comunista. Además, a pesar de que existen buenos registros de la propiedad, a menudo es necesaria la asistencia jurídica para ayudar a los inversores a establecer claramente el “terrateniente” que corresponde y si existen reclamaciones adicionales sobre cada parcela.

La delincuencia es otro problema. Debido al alto nivel de pobreza en el país (en comparación con la media europea), frecuentemente son robadas las tuberías de riego para revenderlas como chatarra. De hecho, algunos propietarios de tierras han renunciado a la irrigación y confían en la lluvia; otros, por otra parte, emplean guardias de seguridad, porque la falta de riego adecuado es un problema serio. De hecho, el gobierno rumano ha puesto en marcha un programa, que previsiblemente terminará en 2016, para llevar a cabo la reconstrucción de la infraestructura de riego secundaria.
El cambio ha sido lento, pero está empezando a afectar a la producción de cultivos. En 2013, el país produjo el 22,1% de maíz, el 8,6% de todos los cereales, y el 6,9% de todos los cultivos industriales en la UE. Rumanía se ha convertido recientemente en el mayor proveedor de trigo de Egipto (el mayor importador de trigo del mundo), desplazando a Francia y Rusia. Este año, se espera que Rumanía se convierta en el tercer mayor exportador de trigo de la UE y el undécimo a nivel mundial, así como el segundo mayor productor de maíz en la UE.
En los últimos cinco años, la exportación de grano del país se ha más que duplicado. El antiguo puerto de Constanta, en el Mar Negro, está preparado para convertirse en el mayor centro de transporte de grano en Europa después del gigante estadounidense de “agronegocio” Cargill, que este verano ha doblado la capacidad del terminal de Constanta. Por otra parte, debido a su posición estratégica y la profundidad, Constanta es el puerto que más se beneficia de los aumentos regionales en la producción agrícola, debido a la proximidad de Hungría, Serbia y Bulgaria, que también han visto aumentar su producción de grano.
Este aumento en la producción de cultivos se está reflejando en los precios del suelo agrícola, que se han triplicado desde 2007. Sin embargo, dada la abundancia de tierra disponible y los bajos precios, las parcelas son aún asequibles. A partir de enero de 2014, Rumania abrió su mercado agrícola a inversionistas extranjeros, que aunque ya tenían acceso antes, requerían de “acrobacias legales” para explotar las lagunas existentes.
Sin embargo, los críticos afirman que “no todo es color de rosa”, porque en términos de productividad, Rumanía aún está muy lejos de otros países. Según cifras de Eurostat, Rumanía tuvo el mayor número de explotaciones en la UE, lo que significa que la industria está muy fragmentada. De hecho, la producción por hectárea es muy baja incluso para los estándares regionales.
De esta forma, debido a que gran parte de la tierra agrícola del país se compone de pequeñas fincas, propiedad individual, los inversores potenciales que buscan una gran parcela de tierra, deben negociar y cerrar tratos con cientos de campesinos/agricultores individuales. Los críticos de los gigantes de la agroindustria también están manifestando su preocupación por las consecuencias del desplazamiento de millones de agricultores locales debido a inversionistas extranjeros, sin vínculos con Rumanía.
No obstante, se puede tener una visión positiva de los acontecimientos recientes: si el país puede competir con “pesos pesados” agrícolas mundiales con el nivel actual de productividad, ¿qué sucederá cuando la inversión en el país aumente la producción por hectárea? El dicho popular buy land, they are not making it anymore -compra tierras, ya no se fabrican más- podría ser un buen consejo de inversión.

Oana Aristide es Economista Senior en el Servicio de Datos Globales de D&B, del grupo de “Análisis e Insight”, con experiencia en banca central. Con sede en el Reino Unido, cubre los tres países escandinavos, así como Rumanía, Japón, Malasia y Filipinas como colaborador de D&B Mercado Macro / País Insight productos.

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