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El papel de las agencias de calificación crediticia en la crisis (I)

06 noviembre, 2012

Existen más de 70 agencias de calificación crediticia en el mundo pero realmente el mercado se encuentra bajo el control de las tres grandes agencias norteamericanas -Fitch, Standard & Poor’s y Moody’s- que lo dominan en aproximadamente un 90%. Este hecho no es más que un claro reflejo de la falta de competencia que hay en el sector y de un funcionamiento excesivamente cercano al de un oligopolio.

En el post de hoy nos centraremos en el papel que han jugado las agencias de rating en el procesos de deterioro y crisis llegando hasta a la situación actual, dejando el análisis de su funcionamiento, los modelos de negocio y las posibles soluciones para una segunda entrega.

Evidentemente la crisis ha sido el resultado de una cadena de fallos en el sistema financiero, en el que las agencias de rating han tenido un papel relevante puesto que no valoraron adecuadamente (cuanto menos subestimaron) los riesgos y no supieron adelantar lo que se venía encima. Como consecuencia de todo ello las agencias de calificación crediticia han sido y continúan siendo muy criticadas en la actualidad y su credibilidad resulta muy cuestionada. Y es que estas agencias han demostrado sus carencias con las crisis bancarias de 2007 y 2008 en las que no reaccionaron hasta que la catástrofe era un hecho, o en el caso de Enron en que su calificación permaneció en niveles normales 4 días antes de que la empresa se declarara en bancarrota, o en el caso de Lehman Brothers que mantuvo una buena calificación justo antes de su debacle o bien en el llamado “problema de la deuda pública” que se inició en Grecia cuando el Presidente Papandreu anunció que la deuda pública griega era mayor que la anunciada por el gobierno anterior, a pesar de que la falta de credibilidad de las cuentas griegas era ya harto conocida por los mercados,… y así la lista de desaciertos podría alargarse.

A esto hay que añadir que además actualmente las agencias de rating van normalmente por detrás de la realidad, cuando parece que no tiene sentido rebajar la calificación porque entonces el país o la empresa en cuestión descienden otro peldaño hacia el abismo. Igualmente, según describe en su libro La crisis rompe las reglas el economista alemán Max Otte (catapultado a la fama tras su profético libro ¡Que viene la crisis! de 2006), con ese mismo efecto procíclico, las agencias de calificación elevan la nota cuando una empresa o un país ya se han recuperado.

Pero a pesar de esta retahíla de graves errores y de la trascendencia de sus decisiones, las agencias de calificación crediticia se muestran hasta el momento virtualmente invulnerables. No sólo los Estados se han revelado incapaces de exigirles responsabilidades, sino que aparentemente las grandes agencias de rating  controlan la actividad de los propios Estados por medio de las calificaciones de su deuda emitida. Ni siquiera se ha logrado que las agencias hagan públicos los criterios que utilizan para conceder sus calificaciones, ni tampoco han perdido un solo caso por negligencia en Estados Unidos porque paradójicamente los tribunales norteamericanos consideran la actividad de rating como la formulación de una “opinión”, protegida por la Quinta Enmienda.

Efectivamente la actuación de las agencias de rating plantea un problema de fondo sobre el que resulta imprescindible reflexionar. En definitiva, se trata del proceso de privatización de las tareas de regulación y control que antes realizaba el Estado y que han sido trasladadas a manos de entidades privadas que evalúan la solvencia de quienes quieren acceder a los mercados de capitales, por lo que actualmente controlan de facto el acceso de las Empresas, Bancos, Estados o Entidades Públicas que quieren emitir deuda a estos mercados y el interés que deben pagar. Este proceso tiene aspectos positivos y negativos pero en este momento no está claro si prevalecen más las ventajas o los inconvenientes.

Lo sorprendente es que en el actual sistema, las agencias de rating normalmente cobran de aquéllos a los que tienen que calificar (issuer pays –el emisor paga), por lo que se antoja fácil el deslizamiento desde las tareas de control a las de asesoramiento y se incentiva que quien emite la titulización escoja a la agencia de calificación que tenga mejor opinión de la empresa. En este sentido conviene recordar lo que una agencia de calificación crediticia comentó a un periodista del Financial Times y se publicó el 17 de mayo de 2007 en “How S&P put the triple A into CPDO”: “los bancos vienen a nosotros con una propuesta de transacción y nosotros les explicamos cómo pueden ser calificados de acuerdo con nuestros criterios… No hay nada siniestro en este proceso”, algo que sonó y suena como una especie de sofisticado timo de la estampita. A la luz de estos datos, resulta obvio que la existencia de conflictos de interés por parte de las propias agencias de calificación crediticia, dada su relación con los originadores de los créditos o activos subyacentes, ha sido y continúa siendo una de las causas de su mal funcionamiento.

En estas circunstancias en Europa se valoran posibles soluciones. Desde la Eurocámara se apuesta por una regulación más estricta de las agencias de rating con el fin de garantizar su independencia a la vez que se valora la creación de una agencia de calificación europea, independiente y transparente, que garantice la diversidad en la información y proporcione una calificación acorde con las especificidades de las políticas comunitarias. En definitiva, se trata de una cuestión sobre la que debemos reflexionar.

Ciertamente, las agencias de calificación crediticia han sido muy criticadas por su actuación en la crisis, efectivamente “las agencias de rating no siempre aciertan. La gente les cree y por eso tienen influencia a corto plazo, pero a largo plazo lo que predominan son otros factores” afirmaba en abril de 2010 el polémico Dominique Strauss Kahn, ex-director del Fondo Monetario Internacional. La pregunta es por tanto si ciertamente las agencias de calificación crediticia han sido cómplices o víctimas en toda esta historia.

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