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Gestión financiera

La gestión del riesgo financiero

16 febrero, 2022

Gestionar los riesgos financieros de una empresa no es una tarea sencilla. Estar al corriente de las obligaciones de pago es esencial para el correcto funcionamiento de la organización. Pero también es necesario entender cómo hacerlo y, sobre todo, conocer cómo evitar situaciones de riesgo económico.

¿Qué es el riesgo financiero?

En primer lugar, es fundamental saber de qué trata este concepto, así como sus principales tipos.

El riesgo financiero hace referencia a la probabilidad de que se produzca una situación negativa, que provoque pérdidas económicas en una empresa. Es decir, que se ocasione un acontecimiento de incertidumbre que dificulte el retorno de una inversión realizada por la compañía.

Por tanto, este concepto está muy ligado a la volatilidad, pues el riesgo de cualquier activo es mayor cuanto más variables sean los rendimientos posibles de la inversión. En otras palabras, la volatilidad es clave en el riesgo porque permite conocer el promedio de las variaciones de los precios de un activo financiero en un periodo determinado.

Así pues, muchas empresas realizan inversiones para generar una fuente de ingresos y, por esta razón, es un término que también tiene gran relación con la rentabilidad. A mayor riesgo de la inversión, mayor rentabilidad se podrá obtener. Y viceversa.

Por todo ello, antes de realizar una inversión es importante analizar su riesgo y estudiar si este se puede asumir.

Tipologías

Una vez explicado qué se entiende por riesgo financiero, hay que tener en cuenta los diferentes tipos de riesgo a los que una empresa se puede enfrentar.

De liquidez.

Es la probabilidad de que una de las partes contractuales no disponga de la liquidez suficiente para hacer frente a sus obligaciones. Aunque sí tenga activos, no puede asumir sus deudas a corto plazo.

De crédito.

Cuando una de las partes del contrato es incapaz de devolver el capital en las fechas que se han estipulado.

Operativo.

Está relacionado con las pérdidas motivadas por errores operativos. Por ejemplo, problemas de carácter tecnológico, humano o falta de controles internos en la empresa.

De inflación.

Se refiere a la posibilidad de que las inversiones no consigan rentabilizarse por encima del nivel de inflación y, por tanto, se pierde poder adquisitivo.

Tipos de interés.

También existe un riesgo con la variación en los tipos de interés que pueda tener el valor de un activo financiero. Que suban o bajen en un momento que no es el deseado.

Riesgo empresarial.

Es la inseguridad que conlleva la variabilidad de los resultados de la empresa que invierte. Un riesgo que depende de factores como los cambios en el nivel de demanda de productos o servicios, la reducción de ventas, la inestabilidad de los precios o los problemas con los trabajadores.

De mercado.

Hace referencia a las transformaciones de los productos financieros que cotizan en el mercado de valores. Es decir, el precio de las acciones de una empresa puede verse afectado por la dinámica del mercado en general, con independencia de su condición financiera.

Financiero.

Es el riesgo asociado al propio sistema financiero, tanto nacional como internacional.

De la industria.

La incertidumbre relacionada al tipo de industria al que pertenece cada empresa, como la responsabilidad civil o accidentes.

Político.

Son aquellos que se producen por las operaciones y negocios que una empresa lleva a cabo en el extranjero. Es importante conocer también la situación política de un país y cuáles son las intenciones de su gobierno, pues este tiene el poder de desestabilizar la economía y las empresas que operan en su territorio pueden verse perjudicadas.

Económico.

Es el impacto negativo que una fase de recesión económica pueda causar en los resultados de una empresa.

Divisa.

Referente al riesgo que deriva de las fluctuaciones en los tipos de cambio que experimentan las divisas.

Social.

Son los problemas a los que la organización se puede enfrentar a causa de presiones por algunos sectores de la sociedad. Como, por ejemplo, la responsabilidad medioambiental o la discriminación de cualquier tipo.

Cómo analizarlo

Ya ha quedado claro que el estudio del riesgo financiero es una variable muy significativa cuando se quiere realizar una inversión. Y aunque es imposible eliminar de forma completa la existencia del riesgo y su cálculo depende de diferentes factores, pueden establecerse una serie de acciones que ayuden a que los acontecimientos sean lo más exactos posibles a lo planificado previamente.

Los pasos para desarrollar un análisis de riesgo financiero son los siguientes:

  1. Identificar los riesgos principales a los que se puede afrontar la inversión.
  2. Establecer prioridades y asignar los recursos de manera eficiente.
  3. Crear un plan de contingencia para resolver los riesgos identificados en el primer paso.
  4. Delegar responsabilidades de seguimiento.
  5. Establecer fechas límites, tanto de vencimiento como de revisión.

Cómo minimizarlo

Así mismo, es posible reducir el riesgo financiero. Para ello, también es necesario contar con personal cualificado con unos conocimientos profundos sobre el tema, estar en constante actualización y apoyarse en herramientas de gestión y evaluación, como la estadística o la teoría de la probabilidad.

Estos son algunos consejos para disminuirlo:

  • Controlar la rentabilidad de la inversión. Cuanta más información se tenga al respecto, menor será el riesgo.
  • Anticipar el futuro. Con la información obtenida, debe plantearse una estrategia que ayude a reaccionar y a adelantarse a los posibles cambios que puedan darse en el mercado en el que se opera.
  • Diversificar las inversiones. Es decir, asignar las inversiones a diferentes y variados activos.
  • Estudiar los resultados obtenidos.
  • Emplear herramientas para la gestión del riesgo y proteger los activos mediante la contratación de seguros.

Big Data

Otra de las aplicaciones con un alto potencial en el sector financiero es el Big Data. Esta tecnología permite que la industria financiera obtenga información valiosa para mejorar la satisfacción del cliente. Además de proporcionar un conocimiento muy detallado sobre el sector y sus tendencias. Igualmente, el Big Data es un gran aliado para detectar riesgos, evitar el fraude y blanqueo de capitales y gestionar los impagos.

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