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La salud mental de CEOs y emprendedores, a examen

18 marzo, 2020

“Construir una empresa no es fácil, pero nadie dijo que fuera tan difícil”. CEOs y emprendedores podrán reconocerse en esta frase porque todos han hecho esta reflexión en algún momento de su vida laboral, también pensando en su salud mental.

Al principio es pasión, pasión convertida en energía para luchar por un sueño. Y puede convertirse en trabajar setenta horas semanales a costa de sacrificar mucho, incluso traduciéndose en fatiga mental, depresión, ansiedad, adicciones, trastornos del sueño, inseguridad, desánimo, vergüenza o soledad.

Lo físico y lo psicológico

Mens sana in corpore sano. Esa es la idea. Nuestra salud es un concepto amplio, que debe incluir la física y la mental, y que implica buenos hábitos en ambas, sin exclusiones. El estrés temporal es normal y puede tener algo positivo, pero el estrés crónico tiene efectos fisiológicos que son limitantes para quien los padece.

Los dolores de cabeza, la presión arterial alta, los problemas de corazón, el sistema inmunológico bajo o el insomnio pueden convertirse en compañeros de viaje si no se toman medidas y se cronifica el estrés.

No somos nuestro trabajo, somos mucho más. El equilibrio emocional genera una mayor concentración, productividad, implicación y rendimiento. ¿Qué más se puede pedir? Mayor valor unido a mayor felicidad, ambos al alcance de la mano con pautas y hábitos sencillos, a la par que efectivos, que ahora detallaremos. En cualquier caso, la ayuda de profesionales y el coaching son opciones recomendables para una buena salud mental de CEOs y emprendedores.

Consciencia de la situación

La cultura empresarial ha evolucionado, se ha humanizado, y proyectar una imagen de éxito constante y de superación permanente ha quedado atrás. Fechas límite, problemas de financiación, no lograr los objetivos marcados, fracasos, etc., son parte del día a día en el emprendimiento y ya no es tabú hablar de todo ello.

La muerte de algunos directivos en Estados Unidos, sobre todo del sector tecnológico, abrió un auténtico debate sobre la salud mental de los emprendedores. Fueron muchos los CEOs que confesaron públicamente tener cuadros depresivos e, incluso, pensamientos suicidas en sus peores momentos, y la respuesta fue masiva: recibieron el apoyo de colegas que empatizaban con ellos, reconociendo haber vivido la misma situación. Fue el inicio del fin del silencio y del estigma sobre los problemas mentales en las empresas emergentes.

El estrés es considerado la enfermedad del siglo XXI, afecta al 30% de los trabajadores y evoluciona hacia cuadros de ansiedad y depresión. En algunos sectores y categorías profesionales, los porcentajes se incrementan significativamente, como es el caso de los emprendedores y autónomos. Este hecho ha originado la implicación activa de las mutuas de trabajo, tratando el estrés y sus consecuencias como patologías emocionales desde la prevención de riesgos laborales.

Somos lo que comemos

La alimentación influye enormemente en nuestra salud. Las causas del estrés son muchas, pero existen algunos alimentos y ciertas pautas nutricionales que nos ayudarán.

El sistema nervioso, del que dependen el estrés y la ansiedad, tiene enemigos y amigos nutricionales. No se recomienda la ingesta de carbohidratos refinados, azúcar, alcohol, cafeína u otros excitantes. Por su parte, estos grupos de alimentos podrán ayudarnos a contrarrestar los niveles de estrés y ansiedad:

  • Alimentos con alto contenido en vitaminas del grupo B: liberan dopamina y serotonina (ej: huevo, salmón o aguacate).
  • Avena y plátanos: por su alto contenido en triptófano, precursor de serotonina.
  • Chocolate negro: favorece la producción de exorfina, un analgésico natural.
  • Alimentos ricos en vitamina C: aumenta las defensas del organismo.
  • Antioxidantes: favorece el funcionamiento celular (ej: pimiento rojo, nueces, fresas o manzanas).
  • Alimentos ricos en magnesio (ej: acelgas o espinacas).
  • Frutos secos con alto contenido en vitamina E y B2 (ej: almendras).
  • Leche: alimento muy completo que, caliente, ayuda a conciliar el sueño.

Los momentos de estrés también marcan nuestra relación con la comida. Podemos asaltar la nevera, por la ansiedad, o se nos puede cerrar el estómago. Ambas situaciones no son saludables y acabarán manifestando otras tipologías de trastornos. El momento del almuerzo y de la cena debe tener su propio ritual: tiempos de desconexión, disfrutando de la cocina y de las personas que nos rodean, con interacciones positivas y dejando nuestras preocupaciones al margen.

Cambia de vida, no de trabajo

  • Dormir es una necesidad. Según la OMS, un adulto debe dormir unas 7 horas para que su cerebro procese la información y consolide la memoria emocional selectiva correctamente. También para generar mielina.
  • La actividad física produce endorfinas, responsables de la bioquímica de la felicidad, mejorando nuestro estado de ánimo. El ejercicio también disminuye los niveles de estrés.
  • Saber desconectar es una prioridad. El cerebro necesita tener sus momentos para poner el foco en lo que no sea trabajo, alejándose de la rutina diaria y del origen de nuestra ansiedad laboral 365/7/24. En nuestra vida hay más cosas que el trabajo, y esos otros ámbitos también necesitan sus tiempos de reflexión, creatividad y toma de decisiones.
  • La mente y la respiración forman un equipo. Si se trabaja, con herramientas como la meditación o el mindfulness, se consigue ser consciente de uno mismo y disminuir los niveles de estrés o ansiedad.
  • Cambia el chip, no estás solo. Hablar con otras personas no soluciona los problemas, pero sí libera presión. Confiar en los miembros de nuestro entorno, ya sea la familia, los amigos o los colegas, aprender a comunicarnos con ellos y hacerles partícipes de nuestras preocupaciones. Ellos pueden ser parte de nuestro colchón emocional.
  • Tener una afición creativa o estar en contacto con la naturaleza son actividades que pueden ayudar a tener una vida más equilibrada.

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¿Cómo es un emprendedor de alto rendimiento?

Si es cierto que el 90% de los emprendedores fracasa en su proyecto, también lo es que la profesionalización del emprendimiento es parte del éxito del otro 10%.

Tener una meta clara, convencidos de su viabilidad, y focalizarnos en ese objetivo es el principio de esta aventura. Y, a partir de ahí, el método: imponerse disciplina (en momentos difíciles, resuelve más que la motivación) y aprender a gestionar la incertidumbre, el riesgo, el trabajo duro o la competencia permanente.

Nadie sobrevive sin formación, entrenamiento y conocimiento. Llegaremos a la excelencia recorriendo el camino de la mejora continua y, de ahí, el alto rendimiento.

Pero la profesionalización y el alto rendimiento requieren que seamos personas sanas y equilibradas para sobrevivir a las situaciones exigentes que suponen los proyectos empresariales. Hay que tener consciencia de ser fondistas, no velocistas, y para conseguir un verdadero liderazgo se necesita una salud al 100%, tanto física como mental.

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