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Una Ruta de la Seda para el siglo XXI

03 octubre, 2017

La Ruta de la Seda fue un puente entre Oriente y Occidente que jugó un papel sutil pero fundamental en el destino de muchos países durante miles de años. Esta Ruta no era solo una vía de transporte de mercancías, sino que fue el puente de difusión de nuevas ideas, expresiones artísticas y conocimientos científicos (bueno, también alguna que otra plaga).

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Ahora, tras más de 600 años después de que esta ruta fuera perdiendo importancia hasta caer en desuso, China ha planteado la iniciativa One belt, one road: Una visión estratégica presentada como una red de conectividad compuesta por corredores económicos marítimos y terrestres entre China, Oriente Medio, Europa y África.

En la práctica, esto representa la construcción masiva de infraestructuras que ayuden a conectar el sureste de China con África oriental y el Mediterráneo por vía marítima, así como la apertura de corredores terrestres entre China y Europa a través de Asia central y Oriente Medio. Las infraestructuras serán de todo tipo: carreteras, puertos, oleoductos, puentes, centrales eléctricas y todo lo necesario para mantener las infraestructuras principales en funcionamiento.

Más allá de las infraestructuras, esta iniciativa supondrá la negociación de nuevos tratados comerciales y la actualización de muchos de los ya existentes.

China plantea invertir unos 150.000 millones de dólares anuales en estos proyectos. Según la consultora McKinsey, el plan tiene potencial para superar enormemente al Plan Marshall, con impacto directo sobre cerca del 65% de la población mundial y un tercio del PIB. Más de un 25% del comercio mundial circularía por estas vías, en lo que algunos describen como el mayor impulso al comercio en toda la Historia.

¿Por qué una Ruta de la Seda ahora?

La iniciativa One belt, one road ha sido declarada una prioridad de política exterior por el gobierno de Pekín. Sería ingenuo pensar que se limita a una añoranza romántica del legado histórico, ni un acto de pura bondad para ayudar a países más pobres, sino un plan con claros cálculos geopolíticos y económicos que tienen como fin último preservar los intereses nacionales chinos. Hay que tener en cuenta que el país se enfrenta a presiones internas provocadas por la ralentización del crecimiento económico, la burbuja inmobiliaria y los desafíos medioambientales y sociales derivados del acelerado crecimiento económico de las últimas décadas.

Todo esto ha empujado a las autoridades chinas a buscar nuevas formas de estimular la economía. Desde el punto de vista estratégico, China busca reducir su dependencia de una salida al Pacífico rodeada de territorios que:

Es importante reseñar que un gran porcentaje de las importaciones energéticas chinas pasan por el estrecho de Malaca; no parece mala idea diversificar rutas y socios comerciales, abriendo de paso nuevos mercados y ampliando su estructura logística.

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Si bien esta iniciativa se halla en fase embrionaria, con la mayor parte de los proyectos aún en la mesa de diseño, Pekín ya se ha apuntado algunos tantos destacables, como el corredor económico China-Pakistán (CPEC), una red de autopistas, centrales eléctricas, plantas eólicas, fábricas y ferrocarriles; con una inversión total que ronda los 62.000 millones de dólares, se estima que ha generado cerca de un millón de empleos solo en Pakistán. En este post no voy a insistir mucho en los aspectos sociales ni políticos que acarrea esta iniciativa, pero merece la pena mencionar que, a muy grandes rasgos, el desarrollo económico acarrea una mayor estabilidad política, y a China le interesa la estabilidad de sus socios comerciales.

Otros logros destacables incluyen un nuevo puerto en Sri Lanka, una línea férrea de alta velocidad en Indonesia y un polígono industrial en Camboya.

Conexión mediterránea

En 2016 se firmó la privatización del 67% del puerto del Pireo, en favor de la China Ocean Shipping Company (COSCO), por 369 millones de euros, más el compromiso de invertir al menos 350 millones más en diez años. Los centros logísticos de las terminales del Pireo son un destacado punto de distribución para fabricantes chinos. Además, se ha planificado una línea de alta velocidad entre Atenas y Budapest, pasando por Skopje y Belgrado. Esta línea será fundamental a la hora de crear nuevos enlaces entre Europa Central y Asia a través de los Balcanes.

¿Cómo afecta a España?

Las inversiones chinas superaron los 850 millones de euros en 2015, con los sectores de Telecomunicaciones, Energía y Turismo como los principales receptores de capital. Sin embargo, España juega un papel modesto en la estrategia comercial china en Europa, donde destacan Reino Unido, Alemania, Francia, Portugal, Grecia y los países de Europa del Este.

La razón de este papel secundario hay que buscarla en una serie de factores:

  • La mayor parte de las empresas públicas españolas en sectores estratégicos ya se han privatizado, por lo que no hay muchas oportunidades llamativas para los inversores.
  • España no goza de muchas marcas comerciales de prestigio internacional, a diferencia de Italia o Alemania, ni de un sector industrial potente, que cuente con tecnologías punteras de fabricación.
  • El tradicional rol de nexo entre Europa y América Latina ha dejado de ser relevante desde el punto de vista de China. Este país ya tiene influencia en el continente americano, ha cerrado varios tratados comerciales y está más interesado en impulsar plataformas como el Foro de Cooperación China – CELAC.

Esto no es razón para desistir en el esfuerzo de encontrar el rol de nuestro país en relación con China. Las empresas españolas tienen un papel importante a la hora de tomar la iniciativa y encontrar clientes en el Imperio del Centro.

Entusiasmo y recelos a partes iguales

La iniciativa One Belt, one Road ha sido acogida con división de opiniones por la comunidad internacional. La mayoría de gobiernos de Asia Central se han mostrado sumamente receptivos a la idea. Entre los más entusiastas destacan Kirguistán y Tayikistán, que se han alineado sin titubear con el proyecto y ponen como ejemplo la construcción de la línea de transmisión energética Datka-Kemin, que ha mejorado notablemente el acceso a la energía eléctrica para gran parte de la población de ambos países.

La principal preocupación manifestada por varios gobiernos radica en el endeudamiento que acarreará la ejecución de estos proyectos, y que puede resultar en la conversión de las economías más débiles de Asia en “vasallos económicos” de Pekín. El principal opositor es India, la otra gran economía del sur de Asia. Según han expresado varios miembros del Gobierno, esta iniciativa puede ser sólo una cortina de humo para hacerse con el control estratégico del océano Índico.

Conclusiones

La envergadura de la iniciativa One belt, one road hace pensar en que estamos ante un punto de inflexión en el escenario comercial mundial; es la primera vez en los tiempos modernos en que el modelo americano que hasta ahora ha dominado el mundo está siendo desafiado por la emergencia del poder chino (otro día hablamos del Banco Asiático de inversión en Infraestructuras). Incluso algunos de los más fieles aliados de EEUU en Europa, como el Reino Unido y Alemania, se han unido a la iniciativa china a pesar de la firme oposición americana.

Europa puede obtener grandes beneficios de esta iniciativa, dado que sus relaciones con China no están marcadas por la rivalidad geoestratégica que tiene con otros actores internacionales. Estos beneficios pueden venir dados en forma de un mayor crecimiento económico y creación de empleo, derivados del mayor acceso que tendrán las empresas europeas a nuevos mercados gracias al aumento de la conectividad dentro de Europa y también con otros países. Esto puede redundar en un aumento de la competitividad de la industria Europea en más regiones del mundo, además de mejorar las condiciones de entrada al propio mercado chino.

El aumento de la conectividad puede suponer también una oportunidad para diversificar las fuentes de abastecimiento de energía.

En resumen, estamos ante una oportunidad de dar un impulso al comercio y el desarrollo económico. Es cierto que existen algunos riesgos, la iniciativa acaba de empezar y el alcance de la empresa es sumamente ambicioso. Aún falta mucho para poder evaluar el impacto de la nueva Ruta de la Seda, aunque los optimistas esperamos que sea muy positivo. Pero sí podemos estar seguros de una cosa: el comercio mundial cambiará para siempre.

Sebastián Sánchez

Product Manager – Informa D&B

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