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Déficit público: ¿estamos ante un problema grave?

29 mayo, 2017

Los niveles de déficit público y deuda pública se han convertido en los últimos años en uno de los desequilibrios de nuestra economía más comentados y que más discusiones han provocado, si bien es cierto que esto no es fenómeno exclusivo de las finanzas patrias. En los últimos años hemos hecho nuestros vocablos como “prima de riesgo”, “rescate”, “bono basura”, etc., vocablos todos ellos relacionados en uno u otro sentido con la deuda de un Estado.

Desde el 2007, en el que nuestras Administraciones (globalmente) ingresaron más de lo que gastaron, hemos acudido a años sucesivos en los que los gastos superaban a los ingresos incluso en tasas de dos dígitos. De hecho esto ha provocado que la deuda pública pasara de suponer el 35,5% de nuestro PIB en 2007, a alcanzar el 100% ya en el 2014, es decir, debemos lo mismo que nuestra economía produce en un año. Hasta tal punto fue problemática la situación, que en 2011 el Parlamento aprobó por Ley (reforma constitucional incluida) poner límites a los déficits de las diferentes Administraciones Públicas.

El déficit público de las Administraciones en 2016 alcanzó el 4,54% del PIB (contando con las ayudas al sector financiero), con una previsión del Gobierno para este 2017 de un déficit público en torno al 3,1% que cumpliría con los objetivos marcados por Bruselas para este 2017.

No es ni mucho menos la primera vez en la historia que se ha recurrido al “motor” de la inversión pública como salvavidas ante las crisis económicas, hay ejemplos de todo tipo, desde el famoso “New Deal” de Roosevelt tras la Gran Depresión, hasta el conocido como “Plan E” puesto en marcha por la administración Zapatero. No vamos a entrar aquí a valorar si este mecanismo es acertado o no, ya que hay mucha literatura al respecto y opiniones de todo tipo, centradas muchas de ellas en diferenciar si la crisis es una crisis por el lado de la oferta o de la demanda.

Lo que sí parece cierto es que no podemos endeudarnos indefinidamente, ya que en algún momento aquellos que tienen que financiar ese endeudamiento dirán basta, o bien exigirán cada vez más retribución para arriesgarse a financiarnos (a más volumen de deuda más fácil es que pueda surgir cualquier tipo de problema que ponga en peligro el pago de la misma).

Actualmente, y tras unos años verdaderamente convulsos, nos movemos en un escenario de tipos de interés bajos, la prima de riesgo (el diferencial respecto al bono alemán a 10 años) se ha estabilizado y, al menos, en el corto plazo, el mensaje del BCE es que seguirá “regando” de liquidez el sistema (con permiso de la inflación) para evitar volver a las tensiones en los mercados financieros de hace pocos años, que estuvieron a punto de llevarse por delante la Unión Monetaria tal cual ahora la conocemos. Pero, ¿estamos listos para un repunte en los tipos de interés? Esto supondría que tendríamos que pagar más para colocar nuestra deuda, tendríamos que generar más recursos para ello, con lo que habría que detraer esos recursos de otras inversiones (investigación, defensa, sanidad, protección social, etc.).

Cómo atajar el déficit público

“Muy simple”, por el lado de los gastos o por el lado de los ingresos, es decir, gastando menos, recaudando más o una combinación de ambas, o bien, manteniendo el nivel de ingresos y gastos y aumentando nuestra producción.

Actualmente se están haciendo esfuerzos tanto por el lado de los gastos (se está intentando embridar el gasto de las diferentes administraciones, controlar gastos no productivos, etc.) como por el lado de los ingresos (hemos asistido estos años a subidas de impuestos, tanto para personas físicas como para sociedades y movimientos encaminados a reducir la evasión fiscal). Pero parece, a tenor de los datos, que pese a movernos en un entorno favorable de crecimiento económico y los esfuerzos realizados, está costando equilibrar las cuentas, por lo que sería necesario un debate profundo y sosegado sobre las causas estructurales de estos déficits: ¿se deben a la organización administrativa del Estado (administraciones a tres niveles con sus propios déficits) o tiene otras causas?

El futuro

Lo cierto es que no parece buena idea hipotecar futuros crecimientos afectando al consumo con subidas de impuestos, o a la inversión detrayendo recursos del ahorro disponible de inversiones productivas a inversiones corrientes en el pago de la deuda, por poner un par de ejemplos.

Como en todo, la virtud está en el término medio, ni tener una deuda 0 superávits en momentos donde son necesarios estímulos por el lado de la demanda, ni una deuda disparada. Los países al igual que las familias y empresas pueden endeudarse, pero a niveles razonables y nunca de una forma que al menor cambio en la dirección del viento haga que la economía del país se tambalee.

En los últimos días se oyen voces, sobre todo desde Francia, que hablan de una política fiscal común en el seno de la Unión Monetaria, al igual que ya existe una política monetaria común. Esto significaría que los Estados perderían también esta herramienta para “largar o arriar” las velas de las economías nacionales, según sople el viento. De momento es una intención más que una realidad, pero tiempo al tiempo.

David Rodríguez
Gerente de Marketing de Informa D&B

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