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La huella digital

09 noviembre, 2021

Pertenecer a una sociedad digital implica, queramos o no, que todas las personas dejan una huella en internet. La huella digital es fácilmente rastreable, cosa que nos puede generar algún tipo de problema en relación con la ciberdelincuencia y también con la tecnoética. Conocer más sobre este tema también permitirá que podamos protegernos mejor.

Lo habitual

En nuestro día a día, estamos acostumbrados a interactuar y consultar cualquier información en internet. Leer la prensa, publicar en redes sociales, opinar sobre un restaurante… La más mínima acción digital significa que estamos compartiendo la información sobre nosotros mismos.

Que nos pasemos por internet con los pies mojados, dejando huellas por todas partes, lo que realmente significa es que estamos perdiendo y sacrificando nuestra privacidad. Y en ese punto radica el poco margen de maniobra que tenemos los usuarios: limitar nuestro rastro público de lo que realmente queremos que sea privado y compartido únicamente con nuestro círculo más personal.

Algunas de las huellas más comunes son:

  • Cookies

Son fragmentos de texto situados en nuestro navegador, con un objetivo claro: saber quiénes y cómo somos. Muy vinculadas a la publicidad digital y con una supuesta desaparición a corto plazo, las cookies continúan ahí intentando acceder a todos nuestros datos.

  • IP

La dirección IP es la codificación que identifica una red o un dispositivo, con lo que podemos averiguar quién se ha conectado a un sistema o a una red y desde dónde.

  • Inicios de sesión

Todos los inicios de sesión dejan huella. Twitter, Google, la web de nuestro periódico favorito… que nuestra huella digital quede en todos estos servidores es algo inevitable.

Controlar la huella

Para poder controlar nuestra huella digital y, de paso, ponérselo algo más difícil a los ciber delincuentes, existen algunos sencillos pasos que podemos hacer.

Búscate

En primer lugar, búscate. Pon tu nombre y apellidos en varios buscadores y revisa las tres primeras páginas de resultados. Si alguna de las informaciones no te convence y tienes control sobre la fuente, haz los cambios oportunos. Por ejemplo, cambiar tu perfil a privado en una red social.

En cambio, si la información es de terceros puedes intentar contactar con ellos para solicitar que la modifiquen o eliminen.

Una buena opción para controlar la información sobre ti en los diferentes buscadores es que crees alertas. Así sabrás en tiempo real la nueva información que pueda ir apareciendo sobre ti.

Limita la información

Pon límite a compartir tu información. Es importante que seas consciente del volumen de información que compartes y, sobre todo, con quién lo compartes.

Otro aspecto es que, con el tiempo, las personas cambiamos físicamente, de opinión, de intereses… Por todo ello revisa las publicaciones antiguas de tus redes sociales. Si algunos contenidos no se ajustan a tu yo actual, puedes controlar esta información bien eliminándola, bien limitando su acceso.

Revisa tu privacidad

Resulta una ardua tarea pero es importante tener todo el control que podamos sobre las políticas y ajustes de privacidad que nos ofrecen tanto en las redes sociales, como las aplicaciones en general.

En muchas ocasiones aceptar las condiciones de privacidad que nos ofrecen por defecto es un error, ya que perdemos la oportunidad de limitar el acceso y el uso de nuestra información privada y personal.

Fuera lo viejo

Las cuentas antiguas y las aplicaciones que ya no usas no nos sirven para nada, pero no debemos olvidarlas. Aunque ya no las utilices, toda la información que compartiste en ellas continúa estando ahí, accesible y en línea.

Es recomendable que primero cierres o desactives tu cuenta o perfil, eliminando la información que ofrezca, y posteriormente borres la aplicación.

Cookies

Como hemos comentado anteriormente, las cookies son pequeños archivos de datos que recibe tu navegador por parte de las páginas web cuando detectan tu visita. Hasta aquí todo muy bien, pero la cuestión es que esta información muy a menudo es utilizada por terceros con el objetivo de personalizar tu experiencia, pero no es el único.

Cuando abres una página web por primera vez te preguntarán qué cookies quieres compartir. Tómate tu tiempo para revisar las opciones elementales tanto como puedas, si es lo que quieres.

Para limitar la información que compartes inconscientemente, tienes un par de soluciones prácticas y sencillas. Primero, borra tu historial periódicamente y segundo, puedes navegar en modo incógnito.

Un par de soluciones

Navegación oculta o modo incógnito

La navegación oculta es similar a la habitual con un beneficio: las cookies y la información de los formularios no se almacenan en el navegador que estamos usando, es decir, sin dejar rastro en local.

Pongamos un ejemplo. Si iniciamos sesión en Twitter con modo de incógnito en el buscador, la red social sabrá qué hemos hecho pero no constará en el historial de navegación.

Tampoco podemos pensar que la navegación en modo incógnito es la panacea. La navegación es oculta pero no es anónima, con lo que todos los servidores que visitemos conocerán nuestra IP. En resumen, existe huella digital pero no en el navegador que usamos.

Redes privadas virtuales (VPN)

Las redes privadas virtuales, muy utilizadas en el mundo empresarial, son una extensión de la red local a través de una red pública. Con ello, construimos una red dentro de otra para que la información sea algo más oculta, menos visible y con mayor privacidad.

Estas redes suelen tener un buen nivel de cifrado pero no son invulnerables. Además, las VPN no son invisibles, no son un antivirus ni protegen totalmente la información que en ellas circula, por lo que no podemos descuidar las precauciones habituales para internet.

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